5 errores que cometemos en el día a día con nuestro perro

La mayoría del tiempo vamos con el piloto automático puesto y no nos paramos a observar a nuestro perro y reflexionar sobre la forma en la que nos relacionamos con él

Muchas veces nos damos cuenta de que algo no nos está funcionando, de que algo va mal, pero seguimos haciendo exactamente lo mismo que ayer y que antes de ayer.

A veces solo necesitamos que nos lo digan (o leerlo, en este caso), para decir ¡ostras, pero si tiene todo el sentido del mundo! 

En efecto, casi siempre se mejoran las cosas aplicando un poco de lógica; un conocimiento que tenemos dentro de nosotros mismos, pero que, con las prisas del día a día, no nos paramos a pensar.

Y, si no me crees, lee los 5 errores más comunes que cometemos en el día a día con nuestro perro y cómo ponerles solución. Y dime si después no has pensado “jolín, claro, ¡es pura lógica!”.

¿Qué 5 errores cometemos con los perros y cómo podemos solucionarlos?

1. Llamar constantemente a nuestro perro

Si nos pasamos tooodo el día llamando a nuestro compañero de 4 patas, sin querer vamos a conseguir que nuestro perro deje de oírnos. 

Al final, acabará pasando como en el cuento de Pedro y el lobo… Cuando realmente necesitemos llamarle, no atenderá, porque no sabrá diferenciar cuándo es importante y cuándo no.

Intenta no llamarle (y no hablarle) todo el rato, a no ser que sea imprescindible.

2. Utilizar el nombre de nuestro perro para regañarle

Un error muy típico es el de utilizar su nombre con distinta entonación para todo, ¡incluso para regañarle! 

Si hacemos esto, estaremos asociando su nombre a una experiencia negativa. Esto juega en nuestra contra totalmente porque luego, al llamarle, lo más probable es que no quiera acudir, pues pensará que le va a caer una bronca.

Simplemente, intenta indicarle que algo no te gusta con un “no, no”, desde la calma. ¡Pero nunca, nunca, utilices su nombre!

3. Repetir los comandos hasta que nuestro perro nos hace caso

¿Cuántas veces le repites a tu perro que se siente o que venga? Muchas, ¿verdad? Pues déjame decirte que este es uno de los errores más grandes que cometemos en el día a día.

Cuando repetimos 20 veces lo mismo, estamos perdiendo validez o potencia de ese comando. Nuestro perro entenderá que no hace falta hacer caso a la primera, pues después de esa vendrán muchas oportunidades más.

Debemos enseñar a nuestros peludos a hacer caso a la primera, pero es muy posible que ahora mismo no lo sepan hacer, así que no quieras correr.

Acompaña siempre el comando verbal con un gesto, y ten siempre a mano un premio para motivar y guiar a tu perro a que realice aquello que le estás pidiendo.

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Por ejemplo, si quiero que mi perro se siente, le diré el comando “sienta”, tendré en mi mano un premio, lo subiré hacia arriba y extenderé un poco el brazo en su dirección. Esperaré ahí hasta que mi perro se siente. Una vez sentado, le premiaré rápidamente con la chuche que tenía en mi mano levantada.

4. Darle a nuestro perro indicaciones contradictorias

En la educación de un perro es imprescindible que haya coherencia y consistencia.

Es decir, si yo decido que mi perro no se puede subir al sofá, no dejaré que lo haga nunca. Si le dejo unas veces sí y otras veces no, no entenderá cuándo sí puede y cuando se va a llevar una regañina por hacerlo, lo que le generará confusión y deteriorará el vínculo que tiene conmigo. 

En cambio, sí puedes enseñarle algún comando que le indique que puede subir o que debe bajar, por ejemplo “arriba” y “baja”. También es muy importante que todos los miembros de la familia actúen en la misma línea. Si yo no quiero que mi perro se suba a la gente para saludarla, pero mi pareja sí le deja o, incluso, le incentiva a ello, esto va a generar desconcierto y estrés en nuestro perro, sin entender en absoluto por qué a veces se le premia por hacerlo y otras se le regaña.

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5. Gritar a nuestro perro cuando está nervioso

Esto lo hemos hecho todos. Incluida yo, sí. 

Cuando nuestro perro se pone nervioso, se sobreexcita o está asustado y “se porta mal” (ladra, lloriquea, rompe cosas, muerde, corre descontroladamente, etc.), tendemos a ponernos de los nervios nosotros también. Y empezamos a regañarle, a gritarle, a intentar corregir esas conductas.

Si me seguís desde hace tiempo, ya sabréis que las emociones no se pueden ni premiar ni castigar, y que, por tanto, tampoco se pueden corregir esas conductas indeseadas en tal estado.

Además, nuestras emociones y la expresión de las mismas van a hacer que nuestro perro incremente esas emociones extremas, llevando al descontrol.¿Qué podemos hacer ante estos casos? Intentar mantener y transmitir calma: háblale bajito, acaríciale si eso le gusta, agáchate y ponte a su altura, retira o vete del estímulo que le está provocando esas emociones tan intensas.

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