Cómo ayudar a nuestro perro a adaptarse al nuevo hogar

Tanto si incorporamos un nuevo perrete a la familia como si se trata de una mudanza, deberemos acompañar y ayudar a nuestro peludo a que se adapte lo mejor posible a este nuevo entorno.

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Tratándose de un perrete nuevo, además tendremos que trabajar un buen vínculo con él, para lograr ser su figura de referencia y poder aportarle seguridad.

Una vez que el perro ha aterrizado en nuestra casa, es muy importante trabajar desde el minuto cero en los 3 pilares fundamentales que te expongo a continuación.

1. Vínculo y confianza en el grupo social conviviente

La base de todo comienza por construir una relación sana con tu perro en la que tú confíes en él y él también sea capaz de confiar en ti, creando así la figura de ‘tutor/a’ o ‘guía’. Para ello, es importante tener claras algunas de las cosas que NO podemos hacer:

  • Mentirle
  • Regañarle
  • Perseguirle para quitarle objetos
  • Quitarle cosas de la boca (a la fuerza)

Y otras cosas que SÍ debemos hacer:

  • Ser consecuentes con nuestras palabras y actos.
  • Observarle y saber detectar sus necesidades y responder a ellas.
  • Trabajar una buena llamada para que venga por su propia voluntad.
  • Intercambiarle lo que tiene por algo más interesante.

Hay que tener claro que un perro no es más o menos educado por subirse al sofá o la cama, esto dependerá de si a nosotros, como familia, nos molesta o no. Lo importante a este respecto es que seamos contingentes con la decisión tomada: ¿le vamos a dejar subir al sofá o no?

No podemos regañar a un perro por hacer una cosa que no queremos que haga, pero que en alguna ocasión sí se lo hemos permitido hacer. Esto es un fallo nuestro y de nuestra comunicación con él, el perro no tiene por qué saber cuándo sí puede y cuándo se va a llevar una bronca por hacerlo.

Lo ideal es enseñar a nuestro perro algunos comandos, como “sube” y “baja” para crear un lenguaje con él y que él sepa qué puede esperar en cada momento. Solo así conseguiremos mantener una buena relación con él para que pueda confiar en nosotros.

2. Confianza en el ambiente

Se trata de un punto imprescindible en la salud y bienestar de nuestros perros.

El principal objetivo que tenemos que tener los tutores y tutoras es hacer sentir cómodo y seguro a nuestro peludo, sobre todo en casa. Tenemos que conseguir que la sienta como su refugio, donde no va a suceder nada malo, donde no necesita estar alerta y donde puede descansar tranquilamente.

La figura del tutor en este punto es superimportante, pues sin esa figura en la que pueda apoyarse nuestro perro, para explorar e ir ganando confianza en el exterior o en el interior, se hace mucho más complicado el proceso.

Estos son algunos puntos clave para generar confianza en el hogar:

Tiempo y calidad de descanso

Mientras nuestro perro esté descansando, no deberíamos molestarle. Esta acción podría causar que este se mantenga en alerta en sus horas de descanso por si le volvemos a despertar. Además, los mimos hacia nuestro perro deben ser solicitados por ellos, y no porque a nosotros nos apetezcan. Tampoco es lo ideal que sean “tolerados”, es decir, que nos dejen acariciarles o achucharles, pero que no nos los hayan pedido.

Refugios

Es importante que tengan espacios para dormir esparcidos por casa, sobre todo en las habitaciones donde más tiempo pasemos. Muchos perros, sobre todo los miedosos, prefieren refugios con techo (transportín, jaulas, casetas…). Lo ideal es poner refugios de diferentes formas y tamaños para que puedan elegir cuál les viene mejor en cada momento.

Ruidos

Lo ideal es intentar que no entren demasiados ruidos del exterior, sobre todo si tenemos un perro sensible o hipersensible auditivamente. Muchos perros reaccionan frente a los ruidos del exterior (un ascensor, el vecino saliendo de su casa, el sonido del tráfico, un timbre…). Normalmente, lo hacen porque prevén una situación desagradable, como puede ser la intrusión de un desconocido en su lugar de seguridad (nuestra casa, su casa). La mayoría de veces, estas reacciones se ven potenciadas por el comportamiento de respuesta que llevamos a cabo nosotros, sus tutores y familiares. Deberemos evitar comportamientos como gritar, decirle que se calle, que pare, etc. Es mejor reconducirle con un premio superapetecible y llevarle a un sitio alejado del ruido, manteniendo la calma, evitando que se focalice en el estímulo auditivo y redirigiendo su atención hacia nosotros y a la comida. ¡Ojo! Las emociones no se pueden reforzar ni castigar. No pensemos que, si le damos un snack cuando ladra porque suena el ascensor, estamos premiando su conducta. Pasa exactamente lo mismo si nos ponemos a regañarle, no serviría de nada.

Comida

No se debe molestar a los perros mientras comen. Eso de que tienes que meter tu mano en su cuenco para que se acostumbre es tan del siglo pasado… Si no le damos problemas, no tiene necesidad de rivalizar con nosotros por el alimento. Es imprescindible que el ambiente del momento de la comida sea tranquilo, dejándole en otra habitación si fuera necesario (sobre todo si hay otros perros en casa o mucho bullicio de personas y/o niños). Así, además, evitaremos que engullan y, por tanto, que se desencadenen problemas de salud, como torsiones de estómago.

Gestión de las visitas

Tenemos que gestionar bien la entrada de intrusos en el lugar de seguridad de nuestro perro. Los visitantes deben ser avisados de las cosas que SÍ pueden hacer y de las que NO pueden hacer con nuestro perro. Además, la tutora o el tutor deberá estar pendiente del perro en todo momento y tendrá la responsabilidad de entender su comunicación y ayudarle. Hay que evitar que le agobien, que le molesten si está en su camita, etc. Si vemos que los perros no están a gusto con la visita, es mejor dejarles en un cuarto para que estén más tranquilos.

En algunos casos, necesitamos un apoyo extra para ayudar a nuestro perro a sentirse más tranquilo y seguro en casa: aromaterapia (lavanda), música, suplementos naturales relajantes…

3. Autoconfianza: autonomía, autoestima y capacidad resolutiva

El concepto de autoestima es algo humano que no podemos trasladar a los perros como tal, pues tener autoestima implica saber lo que el individuo opina de sí mismo, cosa que con los perros no podemos saber. Sin embargo, sí podemos ver las consecuencias de este concepto humano si lo aplicamos en los perros.

Para conocer la autoestima de nuestro perro analizaremos su capacidad de autonomía, la seguridad en sí mismo y su capacidad resolutiva.

Ejemplo: caso práctico de autoconfianza de los perros en casa

Pongamos un ejemplo para visualizar estos conceptos de una forma más sencilla:

A mi perro se le cuela la pelota debajo del sofá 

Si un perro no cree poder sacar él solo la pelota de debajo del sofá, es porque no está creyéndose capaz de hacer las cosas por sí mismo (autonomía), ni con la seguridad necesaria para llevarlo a cabo (seguridad en sí mismo), por lo que acaba sin poder sacar la pelota (capacidad resolutiva).

¿Qué podemos hacer nosotros, como guías, ante un caso así? Apoyarle.

Apoyar no significa que te lo hago yo, es decir, te saco yo la pelota de debajo del sofá y problema resuelto. No.

Apoyar implica estar en ese momento presente, animarle con la voz o, incluso, si vemos que se frustra y que es un reto muy complicado para él, podemos arrimar la pelota al borde del sofá para que le sea más fácil sacarla.

Cuantas más veces se enfrente nuestro perro a pequeños retos ajustados a su nivel, más autoconfianza ganará y, por tanto, irá cogiendo experiencia y “tablas”, como solemos decir, para enfrentarse después a los propios retos del día a día, de la vida real.

Recuerda que un individuo que no se cree capaz, es un individuo con ansiedad, miedo y estrés.

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